Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Rochester y publicado en la revista Nature Communications Earth & Environment ha revelado que la Luna no es solo un vecino inerte, sino un registro químico invaluable de la historia de la Tierra. La investigación demuestra cómo el campo magnético de nuestro planeta, lejos de ser solo un escudo protector, actúa como un canal que transporta fragmentos de la atmósfera terrestre hacia la superficie lunar.
El equipo, encabezado por el investigador Shubhonkar Paramanick, utilizó simulaciones por computadora y datos de las misiones Apollo 14 y 17 para validar que la magnetosfera terrestre facilita esta transferencia. Durante la fase de luna llena, el satélite atraviesa la «cola magnética» de la Tierra, un canal que permite que partículas de nitrógeno, hidrógeno y oxígeno expulsadas de nuestra atmósfera se depositen directamente en el regolito lunar.
Este hallazgo tiene implicaciones críticas para la astrobiología y la futura exploración espacial:
Archivo de la vida: Dado que la composición atmosférica está ligada a la evolución biológica, el suelo lunar podría contener muestras de la atmósfera antigua de la Tierra, inaccesibles en nuestro propio planeta debido a la erosión y la tectónica de placas.
Recursos autosustentables: La presencia de estos elementos locales abre la puerta a procesar agua y combustible (hidrógeno y oxígeno) directamente en la Luna, reduciendo la dependencia de suministros transportados desde la Tierra para futuras bases permanentes.
Validación internacional: Expertos de la Universidad de Osaka y la Open University han celebrado estos resultados, señalando que las recientes muestras de las misiones chinas Chang’e-5 y Chang’e-6 serán fundamentales para profundizar en este intercambio químico.
Este estudio refuerza la teoría de que la Tierra y la Luna han coevolucionado física y químicamente, convirtiendo al satélite en una pieza clave para entender el pasado remoto de nuestro hogar y el potencial de habitabilidad en otros sistemas.
















