Ciudad de México.- El Gobierno de Estados Unidos autorizó al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) realizar pruebas con un arma de energía dirigida conocida como Active Denial System (ADS), o sistema de denegación activa, diseñada para provocar una intensa sensación de calor y dolor en la piel de las personas expuestas a su radiación.
La autorización fue aprobada mediante un memorándum firmado por el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, que permite transferir temporalmente el dispositivo al DHS durante siete meses para evaluar su funcionamiento y desarrollar posibles tácticas de utilización en operaciones de seguridad fronteriza.
El llamado “rayo de calor” utiliza ondas electromagnéticas milimétricas que penetran superficialmente en la piel y elevan rápidamente su temperatura, provocando una sensación de ardor que obliga a las personas a alejarse de la zona de exposición. De acuerdo con especificaciones militares, el sistema puede alcanzar objetivos a una distancia cercana a un kilómetro.
Aunque el Pentágono clasifica el dispositivo como un arma no letal, su utilización no está exenta de riesgos. Se han documentado incidentes de quemaduras de segundo grado durante pruebas anteriores, lo que ha generado cuestionamientos sobre sus posibles consecuencias físicas y su aplicación contra concentraciones de personas.
El sistema fue desarrollado por el Departamento de Defensa estadounidense para tareas de control de multitudes y disuasión. Incluso fue trasladado a Afganistán hace aproximadamente dos décadas, aunque finalmente no se utilizó en operaciones de combate.
La autorización actual no significa que el arma ya esté desplegada en la frontera ni que exista una decisión definitiva de utilizarla contra migrantes. Tampoco se han especificado los lugares o las condiciones en las que se realizarán las pruebas.
Sin embargo, la posibilidad de incorporar esta tecnología a las operaciones migratorias estadounidenses abre un nuevo debate sobre el uso de armamento militar para el control fronterizo, los derechos humanos y los riesgos de utilizar dispositivos de energía dirigida contra población civil.
Además, autoridades estadounidenses han reconocido que una de las preocupaciones durante evaluaciones anteriores fue la posibilidad de afectar a personas que todavía se encuentran en territorio mexicano, lo que podría generar controversias jurídicas y diplomáticas entre ambos países.















