El Estado de México cuenta con una red conformada por 55 hospitales con licencia de procuración y trasplante de órganos y tejidos, esto lo hace ocupar el primer lugar en esta materia.

Tan sólo en 2018 hubo 704 donaciones que permitieron trasplantar 104 riñones y 278 córneas, que son los más demandados en la actualidad.

El Centro Estatal de Trasplantes del Estado de México inició sus actividades en 2001 como un organismo desconcentrado de la Secretaría de Salud, con autonomía técnica y administrativa para realizar funciones orientadas a regular la práctica de los trasplantes con fines terapéuticos en el Estado de México.

Su objetivo es coordinar las acciones en materia de trasplantes en los sectores públicos, sociales y privados, relativo a decidir y vigilar la asignación de órganos y tejidos a la población demandante, vigilando el cumplimiento del marco jurídico y normativo de su competencia, estableciendo políticas, estrategias y acciones que permitan el desarrollo de los programas en esta materia.

La donación de órganos, señaló la subdirectora de Normatividad y Registro del Centro Estatal de Trasplantes, Ingrid Marisol Pérez Espejel, es sobre todo un acto de amor hacia los demás, una acción de solidaridad hacia nuestros semejantes.

El acto de donar, indicó, es también una acción de generosidad y cada uno tiene la posibilidad de decidir en vida donar órganos o bien permitir que otro ser humano siga viviendo gracias a la donación de un órgano de un familiar que fallece, en cualquiera de los casos lo que mueve es un sentimiento de solidaridad y de amor hacia los demás.

El trasplante de órganos, tejidos y células, expresó, representa una alternativa terapéutica para aquellos pacientes con padecimientos cuya consecuencia es la insuficiencia irreversible de algún órgano o la disfunción de un tejido, insuficiencia renal crónica, insuficiencia hepática, insuficiencia cardíaca, entre otras.

Y ahora, añadió, los avances en esta ciencia han permitido no sólo ofrecer una alternativa temporal de vida, sino de calidad y expectativas de vida similares a las de una persona no trasplantada.

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