Hace seis meses, el pueblo de San Miguel Xaltocan, en el Estado de México, alimentó la esperanza de tener agua potable y corriente para sus habitantes: fue la principal promesa del gobierno federal para que aceptaran vender sus tierras y se permitiera la ampliación de la base aérea de Santa Lucía, para convertirse en el nuevo aeropuerto.

Pero medio año después, siguen sin agua.

La Comisión Nacional del Agua (Conagua) no ha habilitado un pozo para abastecer al pueblo, a pesar de que ya está construido y solo necesita ser conectado al tanque elevado que la distribuye.

Además, tanto ese organismo como la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), encargada de la construcción del aeropuerto, han dejado de mandar pipas suficientes para dotar de agua a todas las casas, por lo que están consiguiendo pipas privadas que la traigan de pozos más alejados.

Este miércoles, el pueblo realizó una asamblea para discutir cómo exigir el cumplimiento de este y otros acuerdos que firmaron el 10 de marzo con diversas autoridades, como resultado de la única consulta indígena que el gobierno organizó en torno a lo que será el nuevo aeropuerto Felipe Ángeles.

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